Deja la vida volar

Muro colectivo

por loica

Mi voz, mis palabras, mi ser, suelen navegar por las nubes invisibles del internet.

En ocasiones se encuentran con otras, se miran, conversan, afloran.

Y sin embargo, en ocasiones, con un ínfimo “click”, me silencio a mí mismx, hago “como que no estoy”, desaparezco, me apago también.

La verdad es que, yo sólo quiero sentirles, y en ocasiones, sólo siento el despiadado frío de mi pantalla.

 
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por tangara

llegamos al parque en domingo, día de restricción severa para contener el virus. somos tres. luego llega otra con su mascota pero sin cacerola. del parque al sur no hay luz, ni en los apartamentos ni en las calles. la persona que venía caminando desde el centro de la ciudad nos dice temerosa que quiere irse a su casa ya, que tiene miedo por lo que ha debido ver ese día. entonces se va casi llorando. le pedimos que nos avise cuando esté a salvo y seguimos tercamente en la acción.

somos cuatro personas en la mitad del parque, a oscuras, haciendo ruido. pasa una moto de la policía, pasa un carro y muy pocas veces alguien caminando. esta noche no hay mucha gente paseando a sus perros. la empresa de energía ha venido en el día pero no ha dado razón, dice una vecina. parece que estuvieron timbrando pero nadie les atendió así que se fueron. pero el corte (o el daño, en estos tiempos ya no se sabe) se extiende por varias cuadras a la redonda.

llega más gente y alcanzamos a cantar unas arengas, mientras practicamos un ritmo común. hacemos una fogata y entonces podemos vernos las caras. permanecemos allí como dos horas. cuando vuelve a pasar una moto de policía acordamos que es mejor ir cada quien a su casa. mientras tanto, en un barrio popular cercano al centro de otra ciudad, esa noche está ocurriendo una masacre. el hecho no es nuevo, pero esta vez se puede ver en tiempo real a través de las redes sociales.

al día siguiente, mientras hago el aseo de la cocina recuerdo una canción y la pongo. luego escucho otra y de pronto estoy bailando en la cocina, sumergida en los bajos que golpean mi cuerpo y lo calientan en medio del frío. descubro entonces que tengo miedo. ese miedo que nos han narrado toda la vida ahora lo siento de frente, en mi lenguaje, sobre mi cuerpo. y bailo desesperada para contenerlo.

 
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por tangara

el tiempo está anotado en una pizarra ubicada justo detrás del cajero a quien pagamos el café que acabamos de tomarnos. tiempo análogo, escrito con marcador azul, y que contabiliza lo que tarda en salir un pedido desde que fue expedida la comanda. “se entiende que cuando alguien pide algo de comer puede tardar un poco más en llegar el pedido, pero el promedio debería ser de cinco a siete minutos. más de eso es un problema en el servicio, y en estos tiempos es importante estar atentos”, nos explican. “la comanda se expide automáticamente; el pedido se toma en una tablet”. veo solo meseros en ese espacio iluminado, perfectamente ventilado, con suelo de gravilla y dos metros de distancia entre cada una de las mesas. muy acorde con las necesidades del momento. se toma el pedido; a través de la aplicación se imprime la comanda; el supervisor anota en la pizarra. por cada mesero una línea. es posible contabilizar la cantidad de servicios que atiende cada persona en turno, y promediar cuánto tarda en llevar el pedido a la mesa, aunque el objetivo es medir cuánto tardan en la cocina. ¡es un ábaco!, dice mi interlocutor.

mientras tanto el estado alemán responde a una solicitud de rectificación de identidad. cambio de nombre en documento de identidad, por una confusión lingüística a la hora de registrar a una persona migrante. “su respuesta la tendrá en la semana 19 del calendario”. ¿cuándo es eso? se pregunta quien espera esa respuesta, y seguidamente reflexiona lo mucho que facilita pensar las horas en grupos de 12 y no como un acumulado anual. agradece que podamos hablar de las 11:06 am y no de la hora 34674749 del año. son impecables los tiempos de la burocracia.

últimamente tenemos poco tiempo para escribir, o no lo sacamos. la vida en digital, minuciosamente calculada, controlada y medible se reduce a las necesidades de cada instante, ¿qué viene siendo el tiempo en estos tiempos? ¿es algo más que una unidad de medida? ¿sirve para otra cosa? ¿qué pasa si no llevamos el reloj para hacer deporte, si no hacemos deporte, si ya no tenemos reloj sino un celular? ¿si no tenemos celular y sin embargo debemos llegar a tiempo al trabajo en estos tiempos convulsos, riesgosos y críticos para la economía?

 
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por loica

En tiempos de muerte, de estar confinadx, condenadx, al encierro indefinido, al temor infundado:

Me comprometo conmigx mismx, a que no perderé mis esperanzas, de que cuidaré de mis certezas, a que fortaleceré mi templanza, y de que no bajaré la cabeza.

¿Acaso es mi corazón ingenuo el que se opone a dejar de creer?

O, ¿acaso son las resistencias de miles, de millones, que nacieron marginadxs y aún así se mantienen en pie?

 
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por golondrina

Nunca más. Duele, la vida duele. Tratar de vivir en una tierra que olvidó sus raíces, duele. Tanto la memoria, como el respirar. Porque cada día es una puñalada en la espalda, de quien ya nunca más podrá limpiar sus manos manchadas de sangre inocente. A ti te hablo, asesino de manos trabajadoras y ojos exhaustos. Desde aquí, donde los gritos ya no son solo míos. Donde no quiero ver más ni a mi padre ni a mi madre llorar cansadxs de ti y de tu cruel gobierno, que contamina el aire y marchita las flores. Te hablo de frente y fuerte. Rayo las calles y dejo marcas, como las cicatrices que jamás podrás esconder. A ti te digo, presidente de nadie.

golondrina

 
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