Todos los colores son el mismo color

Todo parece poco cuando te levantas a mitad de los arbustos, girando lenta y cósmicamente. Enfermedad incurable que más parece un colibrí dando tumbos en medio del polvo que imagen marina. Ficciones les llaman a la acústica, a la victoria y la ayuda de los sátiros que se ríen de las noticias del día de ayer pero yo les llamo con mi saliva y un chispazo de planetas.

Quise llamar, encender una fogata que se alzara hasta los cielos, empujar anclas, averiarme en medio de las cloacas del De Efe -ya tan muerto como su nombre- cortejarte a tientas, escribir un manifiesto social lleno de relatos oscuros y de esperanzas monocromáticas.

En mí hay dos muelas que sangran con cada despojo, ruedas llenas de juicios y fantasías de prosecuciones. Toda mi vida ha sido como los molares últimos, como la edición limitada y comentada de un libro de Gredos; una traducción en línea con la integralidad de esas voces que manifiestan más que un dolor una súplica.

Cuando yo era alas cargaba leña para mi abuela, atizaba el fogón y no era más que una memoria andrógina y macroscópica. Cuando estaba vivo cargaba con las esperanzas de ser y haber sido engendrado por ídolos desdoblados en partes iguales. Hoy todos los colores son el mismo color.

-pingüino