loica

Después de meses de agonía, no hubo día en que se permitiese olvidar, cuanto odiaba a la policía. En su encierro, observaba incansablemente los amurallados límites de su universo. Estudió minuciosamente cada detalle a su alrededor: conocía la edad de las grietas y los clavos huachos en la pared. Incluso se fabricó un reloj invisible, para calcular el paso del tiempo, según daba el reflejo del sol en la ventana. Llegó a tal punto que una tarde, luego de varios meses, logró descifrar las enmarañadas fórmulas para medir la trayectoria periódica de las moscas. Se repetían una y otra vez, en estrictos 13 minutos y 12 segundos. Así, para poder capturarlas, sólo tenía que estirar la mano en el aire y echar cerrojo a la “jaula”, sin ningún tipo de esfuerzo. Sin embargo, ni la convicción de su técnica ni su propia voluntad le permitieron probar la culminación de su hazaña, pues su mente había olvidado por completo la instrucción necesaria para poder mover su cuerpx.

Mi voz, mis palabras, mi ser, suelen navegar por las nubes invisibles del internet.

En ocasiones se encuentran con otras, se miran, conversan, afloran.

Y sin embargo, en ocasiones, con un ínfimo “click”, me silencio a mí mismx, hago “como que no estoy”, desaparezco, me apago también.

La verdad es que, yo sólo quiero sentirles, y en ocasiones, sólo siento el despiadado frío de mi pantalla.

En tiempos de muerte, de estar confinadx, condenadx, al encierro indefinido, al temor infundado:

Me comprometo conmigx mismx, a que no perderé mis esperanzas, de que cuidaré de mis certezas, a que fortaleceré mi templanza, y de que no bajaré la cabeza.

¿Acaso es mi corazón ingenuo el que se opone a dejar de creer?

O, ¿acaso son las resistencias de miles, de millones, que nacieron marginadxs y aún así se mantienen en pie?